Paisaje interno

Un paisaje para volver a emerger

Hay paisajes que no aparecen en los mapas. Se forman con los restos de aquello que amamos, con las imágenes que guardamos sin saber por qué, con los animales que nos acompañan, las personas que nos marcaron y las pérdidas que aún cuando quisiéramos olvidarlas encuentran la forma de quedarse. Son paisajes invisibles que llevamos dentro, a veces se parecen a un bosque; otras a una casa abandonada, un túnel en penumbra o una isla a la que llegamos después de mucho tiempo sin saber exactamente hacia dónde íbamos.

En Paisaje Interno Rocca Luis César construye un territorio donde sus pinturas funcionan como pequeños escenarios en los que conviven siluetas, personajes, colores y fragmentos de un mundo íntimo. En ellas hay algo de la construcción de universos posibles, cada elemento parece ocupar un lugar dentro de una historia que no termina de contarse, como si estuviéramos frente a las escenas de un cuento cuyo desenlace todavía está por escribirse.

Rocca desarrolla su obra como una forma de coleccionar vivencias y sus rastros; una memoria hecha de imágenes que se transforman al volver a mirarlas, de afectos que adquieren nuevas estructuras y de emociones que no siempre encuentran palabras. En ese proceso cada pieza abre un espacio para reorganizar el mundo y ensayar otras prácticas de habitarlo. Crear implica aceptar que algo ha cambiado, incluso cuando todavía no sabemos nombrar ese cambio.

Volveré a ser primavera

Las ramas se secaron y el frío desolador habitó la oscuridad. Pero así como la naturaleza se renueva tras un invierno riguroso sucederá con mi interior. La belleza de las flores renacerá, habrá calidez en mi alma y el sol resplandeciente iluminará mi escencia. Mi paisaje interno se reformará. 

Después de atravesar túneles, de reconocer los rincones ásperos de la experiencia y de permanecer un tiempo entre la incertidumbre y el silencio, también es posible llegar a un oasis donde puedes encontrar agua cristalina, vegetación y descanso. La fragilidad convive con una forma nueva de valentía. 

Para esta exhibición el artista se inspira en las reflexiones de Mariana Matija en Niña, Pájaro, Glaciar,  que resuenan en la posibilidad de reconocer que no estamos separados del mundo natural, sino que formamos parte de él. Que la fauna y los ecosistemas también construyen nuestra historia y nuestra identidad. Cuando un territorio cambia o una especie deja de existir, no perdemos solamente una parte del mundo exterior, también se modifica ese universo que llevamos dentro. Un paisaje que nunca termina de formarse porque nosotros tampoco dejamos de transformarnos.

Miriam Hernández Hernández