Salón Acme 2024

Sandra de León Torres

Guatemala, 1985

Sandra De León Torres es una artista y diseñadora guatemalteca. Estudió dibujo, pintura y diseño. Ha estudiado y se ha desarrollado en diferentes técnicas
y disciplinas como óleo, acrílico, acuarela, grabado en aguatinta y punta seca, fotografía y escultura. Estas técnicas las desarrolló en Guatemala, Madrid y en sus estudios en Artes Visuales
Aplicadas, en Escola Massana en la ciudad de Barcelona. Su práctica artística utiliza la deconstrucción como método filosófico a través de la contemplación de elementos cotidianos
en su entorno. Para ello crea un universo de formas que a través de la pintura y la escultura intentan decodificar y simplificar el lenguaje de su memoria individual.

Obtuvo dos títulos de maestría en Tipografía Avanzada en EINA, UAB, Barcelona, y un segundo en Dirección Estratégica de Comunicación en el IED Istituto
Europeo di Design, UB, Barcelona. Fundó Sade.Studio, un estudio de dirección de arte & diseño. Sandra también ha colaborado en proyectos y exposiciones en Guatemala, Suiza, Francia, el Reino
Unido, España, Dinamarca, Honduras, México y Estados Unidos de América, en colaboración con prestigiosas galerías, artistas, curadores y diseñadores.

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El tiempo como esfera

La percepción cambia según la posición desde la cual se observa. En el proceso de creación de estas piezas, Sandra de León Torres tomó como base parte
de la teoría de la relatividad que refiere a la curvatura del espacio-tiempo y su relación con el volumen, la fuerza que puede doblar cualquier forma o abstracción (el tiempo, por ejemplo) al encontrarse
afectada por un centro gravitacional, tal como sucede con cualquier objeto que, al acercarse al vacío de un agujero negro en el universo -por ejemplo- altera su forma original y su realidad, ante el caos de una disolución
inevitable. Las esculturas de Sandra se abren a la poesía de este principio, desde su punto y a su contrapunto, exponiendo más que nada, la observación de este fenómeno a partir de las formas de
composición y representación de sus materiales.

Madera, piedra y tela dentro del espacio reducido comprimen muchas horas de trabajo, lectura y soluciones que encuentran al espectador.

Lo que uno observa es lo inobjetivo, aquello que puede parecer pero no es, porque requiere cercanía, adentrarse al espacio y enfrentarse con lo real: el rectángulo es imperfecto
porque tiene una curva que no es perceptible a la distancia; la tela se compacta en sus dobleces y

tensiones dentro de un cuadro habitable que imita todo tipo de silencios. La instalación completa es una arquitectura de glifos sin definición, algo más parecido a un jardín
de juegos de equilibrio. Una esfera mayor asienta la base de una columna de esferas, una suerte de tótem de

puntos negros; la madera quemada a punto de carbonización es la unidad resiliente con la que De León Torres ha definido su propia marca de grafito.

No me cabe la menor duda que la obra siempre viene acompañada de la vida del artista, no es un diseño que se añade a la época del arte que le tocó vivir;
es una extraña forma de organismo que sobrevive a nuestras emociones, a nuestras experiencias y a nuestros más profundos análisis. Es un libro comprimido al máximo o, siendo más exactos aún,
a un alfabeto entero que puede reducirse a una sola letra.